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 Diario de un contrabandista (solo)

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Ugakh
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MensajeTema: Diario de un contrabandista (solo)   Lun Dic 20, 2010 3:28 am


El escuálido Chiss de piel azul se movía entre los aspirantes con cadencia, era viejo pero era difícil precisar su edad. Arrastraba los pies por el suelo haciéndolo parecer alguna especie de zombie sin voluntad, su espalda estaba levemente encorvada, lo que le daba el aspecto de estar en una constante reverencia.
Lo único que se veía de verdad vivo eran sus ojos, esos ojos proyectaban una mirada fulminante sobre todos, aunque su mirada asesina se suavizaba al posarse en algunos mientras movía su cabeza con aprobación. Entonces hablo, y fue la segunda cosa viva que se pudo identificar en ese viejo que parecía más un cadáver que algo vivo. Los años lo habían atacado con una furia horrible. “Lamento informarles a todos aquellos que querían ver en persona al jefe que no va a venir, en cambio envió a uno de sus fieles perros.” Sus labios se estiraron y sus pómulos se levantaron formando una cruel sonrisa. “Pero este perro tiene oídos, y sabe morder, así que compórtense como si Thanel estuviera aquí.” Las miradas de todos los presentes bajaron al suelo, acobardados por la presión, todos menos uno. El besalisko aun mantenía su mirada fija en el perro de Thanel, este no le intimidaba en lo absoluto, uno solo de sus brazos hubiese hecho añicos su garganta… pero si estaba pidiendo trabajo al amo de ese perro, mejor era mantenerse calmado y esperar que le tocara algo de la presa, tenía que conformarse a que le tiraran un hueso. Al menos hasta demostrar su valor.

Continuo hablando, aun con la sonrisa en su rostro, parecía como si su rostro tardara en cambiar de expresión, aun conservaba la malévola sonrisa. “Si están aquí son la peor basura de Corona, o son estúpidos o tienen valor como para arriesgar su vida por unos créditos.” Disfruta hablando de esa manera, tratando a otros como a él lo trataban, y realmente se veía como un perro, maltratado y rabioso que no sabe cuando lo premian y cuando lo golpean, para él es todo lo mismo. Sin previo aviso sus facciones se relajaron un poco, la sonrisa que aún conservaba dejo de verse aterrorizante y logro incluso verse llena de vida. "Si es esto último… bienvenidos.” Les dio la espalda a todos, ese Chiss realmente tenía agallas al darles la espalda a todos esos maleantes, más de la mitad tenía ganas de matarlo. Algunos se veían blandos pero capaces de matar a su propia madre por un par de créditos... Ninguno se atrevió a moverse, ni siquiera el Besalisko, que ahora seguía con sus ojos con mucho interés al escuálido de piel azul que los conducía a otra sala más pequeña.


La sala era pequeña pero acogedora, tenía un escritorio de madera que se veía lo suficientemente caro como para ser la paga por alguna misión menor, y al otro lado de la mesa una butaca que rápidamente ocupo el viejo Chiss. Su rostro parecía aliviado cuando se recostó en la comodidad de su sillón. Esa era la única entrada a la habitación, que solo contaba con otra salida: una pequeña ventana custodiada por rojas cortinas. La ventana era demasiado pequeña incluso para un Turazza, así que no era una vía de escape viable si te encontrabas atrapado allí. El besalisko siempre recordaría que esa habitación le parecía una trampa mortal, una simple pared de fusilamiento.
Uno a uno los mercenarios, matones, asesinos y contrabandistas fueron entrando en la pequeña habitación, todos quedaban rodeando el escritorio, pero nadie se acercaba demasiado. Tal vez por miedo a rayarlo y tener que pagarlo. Realmente se veía caro… finamente tallado, cuidadosamente pulido, decorado apenas lo suficiente pero con igual delicadeza.
Al contrario, la puerta que los separaba ahora de la fría habitación que habían abandonado, era mucho menos que opulenta, era un contraste impresionante. La puerta era de un metal liso y pesado, simplemente funcional. Eran detalles sin importancia, pero Ugakh no podía pasarlos por alto. Siempre recordaba hasta el mínimo detalle, y más aun en situaciones como esa en las que se encontraba en territorio enemigo y no sabía que detalle le seria de utilidad después.

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Ugakh
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MensajeTema: Re: Diario de un contrabandista (solo)   Mar Dic 21, 2010 4:05 am


Casi como si hubiese leído sus pensamientos, el Chiss pregunto señalándolo con la cabeza. “Tu, ¿tienes buena memoria?” Ugakh lo miro asombrado, sus ojos no mostraban otra cosa que no fuera desconcierto pero se apresuro a contestar de una manera seria y afirmativa. “Excelente, señor.” El viejo Chiss sonrió sinceramente de nuevo al escuchar esa demostración de respeto hacia él, llamarlo “señor” era una broma muy buena. “Entonces eres nuestro conductor…” Apenas termino de pronunciar eso, uno de los dos humanos que se encontraban entre el septeto alzo su voz colérico. “¡Yo soy el conductor!” Sin siquiera mirarlo el Señor de piel azul continúo hablando. “… debes memorizar las rutas de escape que te vamos a entregar, en ellas hay trampas preparadas por si te siguen.” Entonces y recién después de terminar lo que estaba diciendo, miro al humano con un desprecio que ellos nunca habían visto en esos ojos, a pesar de que a todos los habían mirado de una manera asesina. “Fallaste en la misión anterior, te degradaron de conductor a cargador, así que prepara esos brazos débiles para cagar mucho peso.” Aun no habían visto todo de esos dos ojos fulminantes. Uno a uno los fue nombrando con su voz fuerte y autoritaria llena de sarcasmo y odio, esos dos tonos eran sus favoritos entre todas sus vocalizaciones.
El Rodiano y el Tradoshano protegerían el vehículo con rifles blasters E-11 adaptados para funcionar como rifles de francotirador, seguramente robados a algún soldado caído. Su visión nocturna sumada a los adelantos técnicos en las miras electrónicas los hacían excelentes tiradores. Al resto del equipo se le asigno la misión de entrar, reducir a los guardias y salir con la carga, una tarea muy significativa en el desarrollo de la misión y tal vez de las más peligrosas.

Uno a uno todos fueron saliendo de la habitación, algunos se dirigieron a la armería que se ubicaba en el subsuelo para equiparse para la misión, otros simplemente fueron a cumplir con el ancestral ritual de tomar una copa, que podría llegar a ser la ultima. Ugakh nunca supo porque, pero en ese momento algo lo hizo retrasarse y permanecer en la habitación mas tiempo que los demás, tal vez fue cosa del destino o la magia de esos pequeños detalles en la decoración que hacían ese cuarto único...
Antes de salir de la habitación el besalisko tuvo una última oportunidad de apreciar la inmensa cantidad de vida escondida en esos ojos, al contrario que el resto de su rostro que se mostraba generalmente inexpresivo. Esos ojos malévolos ahora solo mostraban angustia, preocupación e incluso una pizca de ternura. Su voz era suave al borde de ser un susurro. “Hijo, no mueras.” El viejo Chiss de piel arrugada y azul permaneció un rato arrodillado enfrente del joven Chiss al que le estaba hablando antes de dejarlo ir, ese adolescente también era parte del equipo. Ugakh conocía a los sujetos como Thanel muy bien, usan cualquier cosa con tal de manipularte. El viejo Chiss seguramente le debía un favor por algo, y el despiadado Quarren lo obligo a meter a su hijo al trato. Que injusticia, tomar a la familia por rehén era simplemente imperdonable para alguien como él.

Estudio los planos de la ciudad con mucho esmero, procurando que cada detalle se quedara grabado en su mente, hasta los mas mínimos detalles eran necesarios en esa mision.Tenia que saber su ubicación en todo momento basándose en pequeños detalles, por lo que tenía que conocer la geografía plenamente.
Cuando empezara la persecución debía tomar decisiones certeras haciendo maniobras rápidas en el menor tiempo posible, la ruta de escape pasaba principalmente por un ingenioso complejo de calles que se torcían en todas las direcciones, serpenteando por un complicado diseño laberíntico de calles que incluso descendían a túneles subterráneos sin uso, después de dar un par de vueltas en la noche cualquiera quedaría desorientado y perdido en ellos. Un desafio al nivel del legendario Asterion. Eso les daría tiempo suficiente para llegar al depósito más cercano.

Aunque habia una historia atrás de esa breve explicación de la misión. El Besalisko ya se sabía esa historia de memoria, era fácil de prever.
Cuando un cargamento tan grande de explosivos de categoría militar se transporta en secreto siempre se filtra información, lo que deriva en muchas organizaciones buscando el mismo botín.
Alguien se encarga de pagar a algunos piratas estelares de poca monta para que hagan daño a la nave y esta aterrice en el planeta deseado, los piratas intentan sin éxito hacerse con la carga, son superaros por el armamento de la nave y destruidos, siempre la misma historia. Si todo sale bien los piratas son capaces de hacerle suficiente daño a la nave para obligarla a aterrizar. Si los piratas son vencidos antes de tiempo, se contrata a otros para que sigan a la nave y hagan lo mismo, siempre cambiando luego el punto de "rescate". Alguien tiene que esperar y asaltar el cargamento en el planeta al que se van a refugiar.
Desarmar a los guardias probablemente sería lo más fácil, no esperarían que se les ataque cuando sus oficiales superiores les informaron y juraron en cientos de idiomas que la misión era segura porque nadie sabría del envió, era un total secreto. Entonces seguramente ellos llevarían solo el equipo básico… pero lo problemático empezaría cuando llegaran los carroñeros. Todos los interesados se harían presentes para pelear por el trofeo mayor.
Eso es a lo que Ugkah temía más que nada de esa misión, mas aun después de ver esa escena entre ambos Chiss… algo lo hacía pensar que ese maldito viejo azul sabía que él los estaba observando, sabía que él no podría quedarse sin hacer nada después de ver esa escena. Secretamente el Besalisko tomo la misión de proteger al pequeño Chiss como si fuese su hijo. La familia es lo primero.

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Ugakh
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MensajeTema: Re: Diario de un contrabandista (solo)   Miér Dic 29, 2010 12:11 am


El maltratado transporte de carga se movía pesadamente entre los estrechos callejones, quejándose de vez en cuando con algún ruido mecánico al ser forzado a ir al máximo de su velocidad. Sus costados mostraban viejas heridas de guerra, raspones, agujeros pequeños, quemaduras en la pintura… pero aun así avanzaban con decisión. Parecía una gorda oruga haciendo un esfuerzo fuera de sus límites para moverse rápidamente y escapar de algún depredador. Ellos deberían ser los depredadores esa noche, pero aun así las cosas siempre podían complicarse… la sensación de ser presa y cazador al mismo tiempo no los abandonaba en ningún instante a pesar de la quietud de las calles. Apenas si se veían algunos transportes públicos, los últimos, ya saliendo de sus puestos y varios speeders pasando con celeridad por las carreteras serpenteantes, por lo demás estaban prácticamente vacías. Ya todos estaban en sus casas o en disfrutando de un buen trago en la cantina de turno.
A ellos en cambio les tocaba trabajar, la ausencia de esa masa no pensante que algunos políticos llaman gente le confería a la misión el aspecto de ser un suicidio colectivo, ya todos los habitantes de Corona y sus alrededores parecían haber dado la señal de alarma. Todos estarían preparados en sus refugios anti bombas esperando la gran explosión, mientras ellos se dirigían al mismo centro de la destrucción… a desactivar la bomba, armarla o robarla, según como saliera el plan.
Esa encantadora sensación de peligro inminente, les daba una inyección de adrenalina a todos. Sobre todo al conductor que aguantaba la respiración unos segundos en cada giro a la espera de algún ataque sorpresa.

Al llegar al almacén donde debían estar los desprevenidos guardias con el preciado cargamento, encontraron todo demasiado tranquilo. El hábil conductor estaciono el vehículo a un lado del camino más cercano que cruzaba por allí, no podía acercarse más aun con esa quietud palpable en el aire. No es que no apreciaran la tranquilidad, ni un trabajo fácil con una buena paga sino que sabían que los milagros así no ocurrían fácilmente, rara vez encontrarías el cargamento totalmente desprotegido con carteles luminosos anunciando el hallazgo. Eso solo significaba problemas y todos lo sabían. Incluso el inexperto Chiss que luchaba por mantener sus manos aferradas a sus dos pistolas blasters. Fue todo lo que le dejaron usar.
Su piel era de un azul claro, no llegaba a emular el azul del cielo, pero si era mucho más clara que la piel de su padre de un azul eléctrico. No tenía cicatrices que anunciaran alguna experiencia en el campo de batalla, ni una mirada tranquila, controladora o temeraria… sino que era un ovillo de nervios, temblando, rezando y luchando con todas sus fuerzas por mantener sus pantalones secos.

El resto del equipo contaba con distintas habilidades, tipos de armas y delitos en su prontuario, todos habían entrado de una forma u otra en el mundo del crimen y el contrabando. Tenían una experiencia previa, una idea de lo que debían hacer y más importante aún, como hacerlo… ya estaban listo para entrar en combate desde que salieron de la base. Todos veteranos de las crueles calles de una ciudad controlada por un sádico y peligroso esclavista.
La letal Fallen se paseaba con seguridad entre sus compañeros masculinos de equipo, movía sus caderas con cadencia mientras continuaba revisando su equipo una y otra vez. De vez en cuando dedicaba algunas miradas seductoras a los valientes que le pudieran mantener la mirada unos segundos a esos ojos fríos y peligrosos. El pequeño Chiss no recibió ninguna mirada. Probablemente ella podría haber olido su miedo a kilómetros.
El tradoshano era el más desinhibido de todos, también el más agresivo. Su mirada ansiosa y lujuriosa le gritaba a ella que solo era un pedazo de carne para él, y que cuando quisiera la podía tomar entre sus dientes y despedazarla.
Los dos humanos, el Chiss y el Rodiano la miraban de reojo mientras comprobaban y se colocaban su equipo de comunicaciones y repasaban mentalmente los pasos a seguir una vez que el transporte de carga se detuviera y las compuertas traseras se abrieran a la noche. No era la hembra más atractiva que hubiesen visto, pero si era la única cerca. Lo que la hacia el centro de atención para la mirada de los machos.

El vehículo se detuvo, descendió posándose en el suelo con un marcado movimiento de vaivén, abriendo sus compuertas traseras antes de apagar su motor. Las luces del interior del camión fueron tragadas por la oscuridad de la noche inmediatamente. No había ninguna fuente de luz dentro o fuera del depósito. Si acaso era posible, la oscuridad se veía acentuada por el absoluto silencio que reinaba esa noche.
El tradoshano y el rodiano tomaron sus posiciones. Fueron los primeros en descender a la quietud de la noche. Rápidamente se colocaron cada uno a un lado del vehículo, apuntando sus rifles hacia el gran almacén delante de ellos, sus miras telescópicas y sus agudas visiones nocturnas les facilitarían la tarea de mantener cualquier invitado indeseado lejos del camión.
El Chiss, la Fallen y los dos humanos pronto saltaron fuera del transporte, para correr hacia su objetivo. Solo el sonido de sus pies rompían el silencio.

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